Entonces, un día, él llamó al equipo aparte y dijo: «Si ustedes ven que dejo de gritarles empiecen a preocuparse. Yo sólo corrijo a los jugadores que realmente creo que quieren jugar. Si les grito es porque han demostrado tener potencial.» ¡Cómo me abrió los ojos aquello! De repente las reprensiones ya no dolían tanto. Finalmente me di cuenta de que las palabras de corrección del entrenador eran para mi bien.
De la misma manera en que necesitamos la corrección de un entrenador para jugar mejor, también necesitamos la disciplina de Dios para crecer.
Hebreos 12:6 dice que «el Señor al que ama, disciplina». Estas son noticias alentadoras cuando estamos pasando por una experiencia difícil. En lugar de retorcernos y resistir el dolor de la disciplina podemos darnos cuenta de que seremos mejores creyentes por lo que Dios está haciendo.
Entendemos que sólo a través del dolor de la disciplina podemos obtener el resultado positivo de ser moldeados para convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. ¡Y qué mejor que la seguridad de que Dios nos ama lo suficiente como para cambiarnos!
REFLEXIÓN
* ¿Qué experiencias desagradables crees que tu amante Padre celestial ha traído a tu vida?
* Lee Hebreos 12:10 otra vez. ¿Por qué Dios nos disciplina?
* ¿Cómo puede convertirse en un factor positivo de mi vida el principio de que «mientras más nos duele más ganamos»?
Hebreos 12:5-15